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dgerry

1934_12_02 ACUÉRDATE DE TU CREADOR

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ACUÉRDATE DE TU CREADOR

 

Conferencia dominical dada por el Maestro Beinsá Dunó, el 2 de diciembre de 1934,

en Sofía – Izgrev, (niebla).

 

            “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”.

            “Padre nuestro” (oración – n.d.t.).

            “Dios es Amor” (canción – n.d.t.).

            Leeré el capítulo 12 de Eclesiastés.

            “El Espíritu de Dios” (canción – n.d.t.).

 

            “¡Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud!” Hay una manera objetiva, un camino objetivo para observar la Naturaleza. Y el que quiere ser feliz, él debe encontrar este camino. El que encuentre este camino, dificultades no tendrá. El que no encuentre este camino, él tendrá dificultades grandes. Esto en general es cierto y en la vida objetiva. Un barco que ha perdido su destinación en el océano, y sus pasajeros sufrirán. Muchas cuestiones hay en el mundo no solucionadas. Por ahora, por ejemplo, la cuestión de jóvenes y viejos en el mundo queda no solucionada. El hombre nace joven y envejece. Antes de llegar a ser joven, él debe nacer para llegar a ser joven. Antes de morir, él debe llegar a ser viejo para morir. A veces decís que y los jóvenes mueren. Los jóvenes no mueren, solo los viejos mueren. Sepulcros jóvenes no hay, todos son sepulcros viejos. Cuando decís que la gente por vejez muere, me viene a la mente un cuento. Que se hable así, esto significa que no comprendáis la Verdad. Hay una anécdota acerca de uno que ha comido y bebido mucho, de manera que gastó toda su fortuna. Por mucho comer y beber él empobreció. Por fin le vino a la mente que debe pedir de alguna parte dinero a préstamo. Después de pensar largo tiempo, decidió ir al sultán turco para rogarle que le ayudase, que le dé dinero a préstamo. El sultán le preguntó: ¿Por qué empobreciste? – Por comer y beber. – Si es así, dime ¿cuál es el lugar más dulce de la gallina? – La rabadilla. – Dadle entonces 250 liras, dijo el sultán. Él tomó el dinero y sus trabajos se arreglaron. Y vosotros, los que habéis comido gallinas, sabéis qué lugar de la gallina es el más dulce. Cuando oyó esta cosa otro rico caído, también decidió ir al sultán para que le diese dinero a préstamo. Él se fue al sultán y dijo que se ha empobrecido por comer y beber. El sultán le preguntó: Como has comido tanto hasta arruinarte, dime ¿cuál es el lugar más dulce del buey? Él le respondió de la misma manera como respondió y el primero: La rabadilla. El sultán sonrió y comprendió que este hombre no sabe nada.

 

            Digo: Cuando se soluciona la cuestión entre la gente sobre cuáles mueren y cuáles no mueren, ellos tienen una comprensión totalmente torcida. Solo el viejo muere, y el joven solo vive. Nosotros tomamos la palabra muerte no así como la gente la comprende. Bajo la palabra muerte se comprende desaparición de los sufrimientos, ir a un mundo desconocido. La gente científica que se ocupa con la filosofía distraída, dice: Cuando muere, el hombre desaparece, en ninguna parte está, todo con él se termina. La gente ordinaria, en general, no saben nada de esto. Una gente científica escribe una cosa, otros escriben otra y ocurre una turbación. Y los unos, y los otros, y del uno, y del otro campamento, pocos saben qué escribir y qué hablar. Aquellos que escriben que el hombre muere, tienen un poco de duda. Aquellos que escriben que el hombre vive después de su muerte, y ellos tienen un poco de duda. Sin embargo, la posición común es que en el mundo nada se pierde. ¿Dónde se va a perder el hombre? Para que el hombre se pierda, esto sobreentiende algo de doble sentido. Antes que todo, la misma palabra es un poco de doble sentido. Pérdida hay solo para nosotros, la gente, pero para la Naturaleza no hay pérdida. Las cosas de la Naturaleza nunca se pierden. En esto, y la vida no puede perderse. Cuando el agua de nuestra botella se ha perdido, ésta no se ha perdido, ésta se ha ido al océano. Para vosotros, sin embargo, el agua se ha perdido.

 

            “¡Acuérdate de tu Creador en tu juventud!” Entonces, acuérdate de tu Creador no en los años de tu vejez, sino en los años de tu juventud. El viejo todo lo ha olvidado, no le queda nada. Lo último que le queda al viejo es morir, liquidar con la vida en la Tierra y partir para aquel mundo. Ahora estas son cosas ordinarias. Los filósofos contemporáneos necesitan de una comprensión nueva, de una filosofía nueva acerca de la vida. Muchos piensan que cuando se vuelvan comerciantes, sus trabajos se van a arreglar. Hasta que he seguido, no de todos los comerciantes se arreglan los trabajos. Muchos piensan que cuando se vuelvan abogados sus trabajos se van a arreglar. Pero la estadística muestra que no de todos los abogados los trabajos se arreglan. Algunos piensan que cuando se vuelvan médicos se arreglarán sus trabajos. Pero la estadística muestra que no de todos los médicos los trabajos están arreglados. Algunos piensan que cuando se vuelvan sacerdotes sus trabajos se van a arreglar. Pero la estadística muestra que no de todos los sacerdotes los trabajos se arreglan. Algunos piensan que cuando se casan sus trabajos se van a arreglar, pero la estadística muestra que no de todos los casados los trabajos se arreglan. Ahora puesto que no tenemos estadística de los muertos no sabemos cómo está allí la gente, hasta qué punto sus trabajos están arreglados, pero y allí la estadística muestra que cuando la gente muere, y allí sus trabajos quedan no arreglados. De todo se ve que y hasta la estadística más cierta saca las cosas así como no son. Aquellos que hacen las estadísticas, ven que cada año debe morir una cantidad equis de gente, deben hundirse una cantidad equis de barcos, deben quemarse una cantidad equis de casas. Durante diez años siempre hay una diferencia pequeña, pero lo importante es que según esta estadística las cosas ocurren así como están determinadas. Por qué es así, no vamos a detenernos a explicarlo, pero hay ciertas teorías sobre esta cuestión. Hay algunas causas de esto, pero no vamos ahora a explicarlas. Según yo, cuando se quema una casa, esto no es otra cosa salvo una diversión pequeña. Encienden la casa y ésta flamea como una antorcha. Y cuando se enciende la casa, la gente se reúne alrededor, porque una casa se ha encendido. Y cuando el hombre pierde su dinero, y esta es una diversión. Mientras estaba rico, nadie veía a este hombre. Cuando se empobrece, él comienza a descender del lugar alto y moverse entre la gente. En primer lugar era presumido, varias veces deberías tocar a su puerta para ir a él. Cuando se empobrece, él se vuelve alcanzable, y todos le dicen “¡buenos días!”. Ahora algunos preguntan: “¿Por qué la gente se empobrece?” Yo pregunto: ¿Por qué se enriquece? Algunos preguntan: “¿Por qué la gente muere?” Yo pregunto: ¿Por qué la gente nace? Algunos preguntan: “¿Por qué la gente erra?” Yo pregunto: ¿Por qué la gente hace el bien? Y los uno, y lo otro ocurre. Yo veo que la gente mira a estas cosas, al bien y al mal, como a dos cosas contrapuestas. El mal es una consecuencia del bien. Es imposible que exista el bien sin una consecuencia. El bien es causa, el mal es una consecuencia del bien. No toda la consecuencia, sino a la mitad. El bien es causa del mal, y el mal es una condición para el bien. Diréis ¿por qué es así? Agradeced porque es así, porque si el bien no fuera causa del mal, el mal sería incurable, pero puesto que el bien es causa para éste, él permite el mal para que sea una condición para el desarrollo del bien. Ahora os puedo dar muchos argumentos, pero no quiero detenerme sobre el mal para que no estropeemos el trabajo. Puedo daros tal argumento con el cual os convenceréis, pero no quiero. Un científico dijo a sus oyentes: “Puedo haceros esta prueba, pero tengo compasión de vosotros, todos huiréis afuera. Por eso no lo voy a hacer. Todos os quedaréis descontentos”. Ellos no creían. Entonces él puso un polvo en la habitación, del cual todos empezaron a estornudar tanto que estaban obligados a salir fuera. Estos que estaban cerca de él, dijeron: “¡¿Se hace tal prueba?!” El científico dijo: “Yo lamento que ocurrió así. Yo estaba en vigor de sacarles fuera, pero no estaba en vigor de reunirles dentro”. Así que y vosotros ahora os habéis reunido en este salón, habéis cerrado las ventanas, tenéis miedo del frío. Aquellos que están al lado de las ventanas, están al frente, y los demás están en la retaguardia. Estos en el frente tienen miedo de que el enemigo les ataque, que les cogerá el constipado y se enfriarán. Posibles son y estas cosas. Ahora toda la gente se encuentra en un tal salón. Tienen miedo de abrir la ventana para no enfriarse.

 

            Pero que ahora lleguemos al lado objetivo. Bajo la palabra objetivo, yo comprendo el lado externo que debe escudriñarse, independientemente de los puntos de vista que tenemos. Nosotros tenemos puntos de vista que no han existido. Éstos son temporales. Vosotros tenéis un estado de ánimo temporal que es cambiable y que no es real. En el hombre hay solo un estado de ánimo que es real y que nunca cambia. En el hombre hay solo un rasgo que le distingue de la demás gente y de los demás seres. En todas las condiciones este rasgo siempre queda uno y mismo. Éste nunca cambia. Este rasgo, exactamente, representa al hombre. Alguna vez le veréis gozoso, sonriente, espiritual, a veces le veréis triste, afligido, descontento. Alguna vez le veréis generoso, y a veces – tacaño. Y la tacañería y la generosidad tienen sus causas. Cuando es generoso, el hombre es joven; cuando es tacaño, él es viejo. La generosidad nunca puede adquirirse mientras su vejez no muera. Cuando muera, el viejo va a legar su herencia a sus herederos. Mientras está vivo, él dice: “Es peligroso que el hombre reparta su riqueza en vida”. De Mihalaki Georgiev hay un cuento de cómo un padre decidió repartir su riqueza a sus hijos mientras todavía estaba vivo, para que ellos sean felices, y por eso la repartió de una manera justa a todos por igual. Y él pensaba que después de repartir su riqueza, sus hijos les iban a mirar. Un mes después de repartir su riqueza a sus hijos, se fue a uno de ellos para vivir, pero éste le dijo: “Padre, no tengo lugar a donde yo en mi hogar, no puedo mirarte”. Así dijeron todos sus hijos. Él se encontró en milagro en qué hacer. Ninguno de sus hijos quería mirarle. Él se dijo: “He caído en esta desgracia. He aquí, estos hijos salieron de mí, pero nadie me comprendió”. Pensó largo tiempo en qué hacer, hasta que por fin le vino una idea luminosa. Se fue a un amigo suyo y le dijo: “Por favor, dame 500 levas a préstamo, por cinco, por diez céntimos. – Bien, te doy tanto como quieras”. Él se fue a comprarse un cajón por 50 levas, tomó un mozo y lo metió en su habitación. Cada noche él cerraba su habitación, abría el cajón y comenzaba a contar su dinero, que sonaba, puesto que eran céntimos metálicos de por cinco y diez. Cuando le oían sus hijos de sonar dinero en su habitación, dijeron entre sí: “Este lobo viejo todavía tiene dinero, lo tiene guardado, no ha repartido toda su riqueza”. Al tercer día sus hijos comenzaron a visitarle, a mirarle, a traerle alimento bonito. Ellos limpiaban su habitación, temblaban alrededor de él. Él les decía: “Hijo, cuando vaya para aquel mundo, os dejaré y este cajón”. Pero cada noche abría el cajón y contaba el dinero en éste. Cuando murió, sus hijos tuvieron prisa de abrir el cajón, de ver lo que había en éste y quedaron estupefactos cuando encontraron poco dinero y además suelto, en monedas de cinco y de diez, pero también así encontraron una carta y una cuerda. En la carta escribía: “El que reparte su riqueza antes de su muerte, que primero se compre una cuerda”. Cuando vieron esto sus hijos dijeron: “¿Es para 500 levas que le alimentábamos tantos años, además tan bien?”

 

            Ahora yo os transmito este método para mostraros que así procede y la Naturaleza en cuanto a vosotros. Vosotros os pensáis muy prudentes, pero de todas maneras la Naturaleza os ganará.

 

            En este libro sagrado está escrito: “Que el joven se acuerde de su Creador en los días de su juventud”. Él debe recordarlo porque sin Él éste no puede ser feliz. No es la cuestión en el creer, pero debe recordarle. Esta es una experiencia real. Tú debes recordar lo esencial.  Tú debes recordar que alguien te ha hecho un bien grande. No es la cuestión de creer, sino que debes recordar. El hombre puede recordar solo aquello, lo bonito, lo magno en el mundo. ¿Qué es aquello lo magno que debéis recordar? Vosotros debéis recordar una cosa: Que sin vuestro Creador vosotros no podéis ser felices. Yo he revisado todos los libros no solo aquí en la Tierra, sino y en todas partes, y he llegado a la conclusión de que vosotros no podéis ser felices sin aquellos que han creado el mundo. La felicidad del hombre depende de una serie de condiciones. En primer lugar ésta depende del aire, luego del agua, de la luz, del alimento y del terreno mismo y del medio ambiente. Hay una serie de condiciones más que influencian para la felicidad del hombre, que él ni siquiera sospecha. Vosotros queréis ser felices, pero no habéis estudiado la ciencia de la felicidad. Varlicheldeta, un hindú, trata de convencer a la gente que la felicidad debe ponerse como base de la enseñanza. Él, sin embargo, no puede darle una definición científica de qué cosa es la felicidad. Él la define como un poeta, dice que es algo muy bonito, pero no puede convencer al mundo. El mundo actual es demasiado objetivo. Tú, al hombre debes presentarle las cosas, que las vea, que se convenza, y entonces. Tú le cuentas de un palacio, de que es muy bonito. Hasta que no lo ve, él difícilmente puede creer. En nuestro siglo la confianza está basada en las condiciones económicas. Cuando quieres entrar en conexión con un hombre, el, a lo mejor, primero verá si estás sano, si tienes algún sueldo y entonces te creerá. Solo en esta posición puede creerte. De otra manera, cualquier cosa que le hables, él dice: “Señor, una crisis es esto”. Ahora, lleguemos a la otra cuestión. La gente mundana piensa en por qué el Señor ha hecho el mundo así, y la gente religiosa piensa en por qué el Señor ha creado al diablo. Para la gente mundana la crisis es un móvil para trabajar. Y para los religiosos, el diablo es una condición para que se eleven. Y si preguntáis al diablo de si es así, él os dirá que sin él vosotros no podéis elevarse. Él dirá a la madre: “Escucha, si no fuera yo, tú nunca llegarías a ser madre”. ¿Por qué? Porque el hombre recto no tendría por qué casarse, él se iría a la montaña y allí viviría. A los jueces dice: “Si yo no os hubiera enseñado a errar, vosotros no hubierais tenido a quién juzgar”. A los abogados dice: “Si yo no hubiera enseñado a la gente a pelearse entre sí, vosotros no hubierais tenido a quién defender”. A los médicos dice: “Si no hubiera enseñado a la gente a no escuchar, a hacer errores, ¿vosotros a quién ibais a curar?  ¿Por qué habéis levantado este ruido? Cada bien en el mundo, vosotros lo debéis a mí”. Así habla el diablo. La gente ve hoy solo el lado malo del diablo y le juzgan. Esta es una percepción humana. Si el diablo comienza a defenderse, ¿qué diríais vosotros? Él dice a veces: “Este es el bien que yo puedo hacer”. También así y para los filósofos digo: El diablo les ha enseñado a filosofar. ¿Cuándo filosofa el hombre? Después de que se ha engañado una vez, entonces él comienza a filosofar, a reflexionar, de las causas hacia las consecuencias malas de las cosas. ¿En qué consisten las consecuencias malas? Nosotros de nuevo empezamos por el punto de vista personal. Y verdaderamente, a cada cosa que está en nuestro favor, nosotros le llamamos “bueno”. A cada cosa que no está en nuestro favor, nosotros le llamamos “malo”. Pero hay excepciones de este punto de vista. Muchas cosas que son buenas para el país, no son buenas para los individuos. Y al revés: muchas cosas que son buenas para los individuos, no son buenas para el país. Por ejemplo, para el ladrón es bueno robar, pero no está bien y para el país. Frecuentemente, para los médicos está bien que haya enfermedades y gente enferma, pero esto no está bien para la gente misma. Tomad cuál es la posición de un pobre que debe yacer 4-5 meses por una enfermedad seria y no tiene dinero para curarse. Este es un impuesto grande, ¿de dónde tomará él dinero para curarse? El médico es como un recaudador, por cada visita quiere como mínimo 50 levas, ¿de dónde tomará este hombre pobre para pagarle, cuando él apenas recibe mil levas al mes? Cuando haga 30 visitas, esto son 1500 levas. Y este hombre apenas tiene mil levas. Entonces 500 levas se quedan en deuda. Tú eres un hombre pobre, pero tienes un pleito y llamas a un abogado para defenderte. Él pide cuatro mil levas y comienza a estudiar el pleito. Lo alarga, lo extiende con meses y años, y durante este tiempo tú tienes que pagar. Después de comer todo tu dinero, después de esto tomará y algo por encima. Y después de esto la gente se queja de los abogados. Ahora, yo no me ocupo con esta cuestión, pero constato un fenómeno, como existe en la vida social. Yo no me he detenido hasta qué punto es cierto esto, pero supongo que hay cierta probabilidad. Muchos abogados dicen que han defendido a la gente pobre sin dinero. Es posible, pero nosotros no sabemos cómo es la estadística. Estadística hay para todo. Los médicos alguna vez hacen alguna operación, cortan al hombre y dicen que la operación fue exitosa, pero después de diez días el operado muere. La estadística dice que la operación ha salido exitosa, pero después de diez días el enfermo muere. ¿Cuántas personas han sido felices después de la operación? La estadística sabe esto. Cuando nos basamos en la estadística, no vamos a culpar a este, a aquel, pero debemos saber las causas profundas de esto. A lo mejor el médico ha tenido el mejor deseo de ayudar al enfermo, pero el organismo estaba mal afinado, o las condiciones no estaban favorables. A veces las condiciones psicológicas estaban malas. Alguna vez puede suceder que se toque algún nervio en el organismo humano y la vida momentáneamente se interrumpa. Es suficiente que uno de estos nervios se interrumpa, para que se interrumpa y la vida del hombre. Complicado es el organismo humano. Pueden poner al hombre en un sueño magnético y sugestionársele el pensamiento de que él morirá, y verdaderamente él muere.

 

            “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”. Ahora yo predico a los jóvenes. El que es viejo, el que no me escucha, que se prepare para aquel mundo. Según mi estadística, cada uno que dice que no quiere ocuparse con el Señor, él es un candidato para aquel mundo. Y aquel que quiere vivir para el Señor, él es un candidato para este mundo. Todos los que dicen que son viejos, son candidatos para aquel mundo, los que se acuerdan de su Creador, son candidatos para este mundo. Los que no se acuerdan de su Creador ellos son candidatos para aquel mundo. Ahora en vosotros entrará el pensamiento: ¿Por qué el hombre viejo no cree? Pregunto: ¿Pues si cree, qué le aprovechará? La fe no es una cosa esencial. A veces a la fe se le atribuye una cualidad que ésta no tiene. La fe es un camino para algunos logros nuevos. Entonces, la fe es solo un camino, pero en este camino no hay ninguna realidad. La fe no es la virtud más grande del hombre. Ésta es tal virtud que es necesaria en este camino. Y cuando leéis este capítulo, veis que no está dicho de creer en tu Creador, sino que está dicho: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”. Acuérdate, dice, de tu Creador, antes que lleguen los días del mal. Cuando llegues a los días de tu vejez, tú envejecerás antes de tiempo. El envejecimiento es un proceso de la incredulidad. Si me preguntáis por qué la gente envejece, diré: Ellos envejecen, porque dejan de creer. Ahora os voy a transmitir un hecho con el cual haré una comparación entre el enamoramiento y el comer. El enamoramiento es un proceso natural, como es y el comer. Yo comparo el comer con el enamoramiento. Por ejemplo, cuando algún hombre no ha comido unos cuantos días, su rostro se marchita, se pone amarillo, sus ojos se hunden hacia dentro y el que le vea, piensa que o está enfermo, o que no ha comido nada. Pero cuando se alimente, inmediatamente su rostro está refrescado, se vuelve dispuesto. Antes de alimentaros vosotros estáis indispuestos, pero después de alimentarse, la disposición inmediatamente viene. Tal cosa es y el enamoramiento. Éste es una comida bonita. Cuando alguien se enamora, él está en un banquete grande. Y dicen para tal hombre que se ha enamorado. A estas comidas grandes les llaman “gala dinner” (del inglés – cena de gala – n.d.t.). El joven que se ha enamorado está contento que está a “dinner”. Un día dejan de invitarle y él pierde su disposición, sus ojos se vuelven turbios, no tiene ganas de vivir, y él dice: “Ya no quiero vivir, la vida para mí no tiene ningún sentido”. Por qué no le invitan a comer, vosotros solos podéis interpretárselo. Él dice: “Se terminaron aquellos días bonitos, felices, donde había comida bonita, brindis con vinito bonito. Ahora ya y pan bonito no hay”. Pregunto: ¿Dónde está lo esencial? – No, de nuevo hay algo, no penséis que es así solo. Cuando el hombre se ha enamorado, cuando está en esta mesa, en él ocurre un influjo, pero cuando se cierre este camino, este influjo de su corazón desaparece, se interrumpe, y él siente que no tiene ya este influjo. Él dice: “Pesado trabajo”. Le han cerrado su camino, no tiene ya qué respirar. Decís: “Entonces el hombre no tiene que enamorarse”. – Imposible es, tienes que enamorarte. – ¿Pero por qué, sobre qué base? – Yo parto desde otro punto de vista. Imposible es que el hombre no coma. Comerá, y en esto, cuanto más bonito es el alimento, tanto mejor para él. Cuanto peor es el alimento, tanto peor para él. Cualquiera que sea el alimento, de todas maneras tienes que comer. Sin falta el hombre debe tener alimento bueno. El mal no está en el comer, sino en la alimentación incorrecta. El mal no está en el enamoramiento, sino en no valorar a aquel en el cual te has enamorado. Un día, cuando no valoras a este en el cual te has enamorado, morirás. He escuchado a alguien decir: “¿No puedo encontrar otra mujer?” Vosotros no sabéis qué cosa es la Naturaleza. En la Naturaleza vosotros podéis encontrar solo una mujer. No hay muchas mujeres en la Naturaleza. Mientras pensáis que podéis encontrar muchas mujeres, vosotros no podéis solucionar la cuestión. Tarde es. De cualquier manera que la explicáis, sacaréis una ley anormal. En el mundo cada uno, de cualquier manera que ha tratado, siempre ha venido a un fin malo. La única explicación que os puedo dar es la siguiente: Imaginad que alguien se ha enamorado de mi dedo y constantemente mira mi dedo. Imaginad que estos dedos tienen conciencia. Este que se ha enamorado de mi dedo, constantemente lo acaricia, y el dedo pregunta ¿por qué me acaricia este hombre? El dedo piensa que es independiente, y piensa acerca de sí que es el todo. Esta no es una imagen clara. Y nosotros a veces hacemos el mismo error. Vemos que alguien se ha enamorado de alguien y comenzamos a sentir celos. No, vosotros hacéis el mismo error de los dedos. Este hombre se ha enamorado de alguien por Dios. Él se acuerda de su Creador. Cuántas cosas me han contado de gente que se ha enamorado, pero yo digo: Este trabajo no reside así. Este hombre se ha enamorado de alguien por Dios. Él no es el verdadero objeto, y este hombre que ama a alguien, te amará y a ti. Llegará el turno y hasta a ti. ¿Cómo es vuestra diplomacia? Cuando algún hombre entre en vuestra casa, él comienza de abajo hacia arriba con su amor. Si en este hogar hay alguna chiquita pequeña, él comienza con ella. Él se alegra de la chiquita, la besa, la acaricia. Si la chiquita es de cuatro a diez años, como sea. Pero si ella es una muchacha joven de 24 años, entonces el trabajo es un poco de otra manera. Y si este hombre se permite de amar a la madre, el trabajo sale completamente de otra manera. No es permitido ya a este hombre amar a la muchacha o a la madre. Para la chiquita pequeña no es crimen de ser amada, pero cuando llega a la muchacha joven y a la madre, la cuestión ya es otra, ellas son unas santas que no deben tocarse. Esta es una percepción subjetiva. Este hombre primero quiere atraer vuestra atención y por eso comienza con las medidas pequeñas. Él ama primero a los niños. Y cuando ama a los niños, comienzan a tenerle confianza. Porque si él se porta con ellos bien, se portará bien y con los grandes. Esto es basado en una ley natural y razonable. Esto significa: primero te dan cien o doscientos levas y miran si los vas a devolver. La chiquita pequeña es este capital pequeño, esta suma pequeña. La muchacha joven es el capital más grande que entra en circulación, y la madre es el capital todavía mayor. Los niños pequeños son el dinero pequeño, la muchacha joven es el capital en circulación, y la madre, la mujer en el hogar, es el capital grande. Así que de esto, cómo va a proceder alguien con el capital más pequeño, se juzgará y de su comportamiento hacia los capitales grandes. Esta filosofía es recta. Y por eso decís a alguien: “No tengo confianza en ti”. No os afectéis. Yo me he encontrado con muchos niños prudentes, saben cómo actuar. Yo me alegro de su filosofía. Muchos niños me han contado. Él dice: “Viene alguien, empieza a contar algunas cosas que no están según Dios. Se acomoda, como si ni cebolla ha comido, ni cebolla ha olido (es una expresión búlgara que se utiliza cuando alguien quiere presentarse más inocente de lo que es. Por ejemplo, ha cometido algún crimen y quiere ocultarlo – n.d.t.). Cuando viene mi madre, él quiere irse. ¿Por qué? – A tu madre le gusta mucho leerles de que así no era, de que de otra manera no era. – ¿Qué lee tu madre? – Tengo vergüenza de decírtelo. – Si tienes vergüenza, y a mí no me lo cuentes, y yo no quiero escucharlo. Entonces, dices: Haz esto de lo que no tienes vergüenza y lo que es agradable y a tu madre, y a mí, de manera que no tengas vergüenza. Alguien dice: “Te amo mucho. – Dilo a tu madre. – No puedo decirlo a mi madre. – Si no puedes decirlo a tu madre, yo ya sé cómo es la ley”. Digo: Tú ama primero a tu madre y a tu padre, luego a tu hermano y a tu hermana, y después de todo deja para mí.

            Digo: Este niño tiene cierta imagen, él piensa algo. Este niño dice que me ama, pero aquellos que no comprenden la vida, ellos no saben que para este Amor hay sus causas. Aún cuando me mira este niño, yo veo en sus ojos una mirada Divina, él ve como si me conoce. Su mirada es tal como nunca ha sido. Su mirada habla de su recuerdo lejano. Decís: “Estas son cosas infantiles distraídas”. No hay nada distraído en esto. Estas son cosas reales. Real es solo aquel Amor que nunca ha cambiado. Me han contado muchos casos en los cuales los niños han salvado a gente en desesperación. Un muchacho joven contaba: “A mí me salvó una chiquita pequeña de suicidio. Un día, en una desesperación grande, ella llegó a mí, me cogió de la mano y me dijo: ¡Qué bueno eres, cuánto te amo! Inmediatamente algo se iluminó en mi conciencia. Y me dije: Se ha encontrado por lo menos un ser humano que me ama. Desde entonces para acá en mi alma ocurrió un vuelco grande. Hasta este tiempo y predicadores me habían hablado, cualesquiera me habían hablado. Pero cuando me miró esta niña, cuando me acarició, cuando me dijo que me ama, se cambió toda mi naturaleza”. No es solo esto, sino que y las flores que cultiváis en vuestro jardín, muchas veces pueden rescataros de alguna desdicha. Hay muchos árboles frutales que os traen también así bendición. Podéis hacer una tal prueba. En tiempo de verano, cuando estáis indispuestos espiritualmente, pasad por los campos cuando el trigo crece y sentiréis un tal soplo del trigo, del cual inmediatamente vuestro estado del espíritu se elevará. Hay algo que emana del reino vegetal. Ellos todos dicen: “Os amamos, y todo lo que preparamos en la Naturaleza es para vosotros”. Entonces, debemos acordarnos de nuestro Creador, porque el comer y el beber, y todo el aire, el agua, la luz, todas aquellas condiciones y posibilidades que nuestra mente puede imaginarse, todas se esconden en este Ser, que no es tal como la gente lo describe. Este Ser opera en nuestra conciencia a través de toda la gente que Él ha creado. Dios, el Creador, Este, a Quien amamos, alguna vez puede hablarnos a través de alguna hoja, a través de algún animal, a través de una mosquita joven, a través de una planta, a través de un hombre, a través de un libro, a través de una piedra preciosa, a través del relámpago en la Naturaleza, o en la noche a través de alguna estrella – en cualquier dirección.  Miles son las maneras a través de las cuales Dios puede utilizar una influencia benéfica sobre el mundo. Al mismo tiempo Él tiene dos disposiciones: en el mal Él quiere que pruebes todas las contradicciones que la gente ha creado, para que no las hagamos; y a través del bien quiere que pruebes el bien que los seres superiores han creado. Entonces el bien es un fruto de los seres superiores que han terminado su desarrollo, y el mal es un fruto de seres que no han terminado su desarrollo. Yo llamo al mal una fruta no madura.

 

            Así que digo: En la comprensión objetiva actual del mundo, si tomáis la posición de las ciencias naturales de hoy, y observáis el ojo del hombre, veréis que tanto todo el cuerpo, como y el ojo del hombre está razonablemente hecho. Algunos encuentran ciertos defectos del ojo, pero hasta ahora el hombre todavía no ha encontrado tal instrumento que sea tan perfeccionado y tan movible como es el ojo humano. Por ahora, sin embargo, desde hace ocho mil años para acá el ojo humano se ha deformado. En el ojo humano hay algo que se puede desarrollar como en los catalejos. Hay seres humanos que pueden llegar a ser catalejos que vean a distancias largas. Por ahora los científicos se sirven con catalejos para estudiar las estrellas en el cielo, pero un día, cuando la gente desarrolle su vista, restablezcan su vista, ellos se servirán con los ojos como con catalejos. Por ahora la gente no tiene necesidad de desarrollar más sus ojos, porque no hay qué bonito ver en la Tierra, pero un día, cuando y ellos se desarrollen espiritualmente, entonces van a desarrollar sus ojos y van a ver con éstos no solo los objetos más alejados en la Tierra, sino y todo lo que ocurre en el Sol, en las estrellas y en los demás planetas. Un día ellos llegarán a la posición de comprender el lenguaje de los demás planetas. Decís: “Esto son ilusiones”. Estoy de acuerdo con esto. Pero todo lo que tenéis en el mundo son siempre ilusiones. Tú eres un funcionario, un profesor superior eres, trabajas hasta 60-70-80 años, pero un día lo pierdes todo, quiebras y partes para aquel mundo, para ahí de donde no sabes nada. Tú partes tranquilo porque dejas en la Tierra herederos. Antes que todo tú nunca puedes dejar herederos, porque esto lo que tienes no es tuyo. Si no es tuyo ¿cómo vas a dejarlo en herencia? La única cosa que nosotros dejamos a nuestros cercanos, estas son nuestras deudas. Yo no he visto ni un padre que no haya dejado a sus herederos deudas, a los que los hindúes llaman karma. Nadie ha dejado a sus herederos una herencia “argent comptant” (del francés – dinero al contado – n.d.t.). Y por eso cada uno dice: “Yo debo pagar mi karma”. Las bondades son muy pocas en comparación con el mal. Por lo tanto, el bien que viene en el mundo no está ni en el padre, ni en el abuelo. El bien viene de Dios y Le recordarás. El único que puede darte herencia este es Dios, y a Él le recordarás. Esta no es una cuestión filosófica. Esta no es una cuestión que puedas encontrar en algún libro. Esta es una cuestión que cada hombre debe explorar dentro de sí, en la Naturaleza misma. Hay maneras a través de las cuales el hombre puede verificar estas cuestiones. Hay gente que en parte lo ha verificado. Esta ley trabaja en todas partes. Un inglés ha escrito un libro, ha dado toda una estadística. Esta estadística consiste en lo siguiente: Él ha escrito respuesta a un millón y medio de oraciones. Él ha vivido 95 años y en este tiempo ha dirigido hacia Dios un millón y medio de oraciones de las cuales ha recibido respuesta. Con el dinero que ha recibido como respuesta de sus oraciones, él ha criado a más de dos mil niños huerfanitos en un orfanato, sin pedir directamente dinero a la gente. Él permanecía y oraba, sin decir a alguien que tiene necesidad de dinero, que está criando huerfanitos. Oraba y esperaba. Un día tenía una necesidad grande de dinero para su orfanato y oró a Dios para que le ayudara. En un tiempo viene a él un inglés y le dijo: “Yo tengo a disposición 500 mil dólares ingleses, quiero darlos a alguna sociedad de beneficencia. – Bien, si queréis, dadlos a quién encontréis por bien. – ¿Vosotros tenéis necesidad? – Si quiere, puede darlos, este es un trabajo vuestro”. El inglés sale fuera y de nuevo regresa y le pregunta: “¿Vosotros tenéis necesidad?” Una tercera vez le pregunta y después de salir fuera, finalmente regresó y dijo a este hombre noble. “Tengáis o no tengáis necesidad, yo voy a dejar el dinero a vosotros. Tomad este dinero y realizad algún trabajo vuestro”. Ahora yo transmito un caso exclusivo. Un segundo caso parecido no hay. Tal libro una segunda vez no se puede escribir. Esto es algo que no ha ocurrido antes, de lo cual no podemos sacar una conclusión común. Este hombre estaba convencido de su oración. Él ha sacado una ley que ha descrito en su libro mediante una serie de estadísticas. Si leéis este libro, en él no vais a encontrar ningunas teorías, ningunas explicaciones. Solo estadísticas. Él escribe en su libro cuántas veces ha orado y cuántas veces le han respondido. Él escribe: Cuanto más pura de corazón era su oración, tanto antes recibía respuesta a ésta. “Cuanto más me enredaba con alguna teoría filosófica, tanto más mi trabajo no se realizaba”.

 

            Así que digo: Cuando lo Divino en el mundo no trabaja, la causa de esto es algún tropiezo que nosotros ponemos en nuestra mente, en consecuencia de los cual vienen y para nosotros sufrimientos innecesarios. Por ejemplo, las enfermedades de las que los europeos sufren, se deben a su avaricia grande. La causa de muchas enfermedades se debe al amor por las riquezas en la raza blanca. Por ejemplo, los americanos dicen – el tiempo es dinero. Allí todos trabajan y tienen prisa. No es malo esto, pero esto conduce a una avaricia grande. Los ingleses en parte concientizan esto. Ellos son hombres que para rescatarse del mal, hacen sacrificios grandes. Entre todos los pueblos, los ingleses son los que más sacrifican por lo espiritual. Ellos son los que más se guardan del amor por las riquezas. Si ellos no hicieran esto, hubieran tenido consecuencias malas. ¿Qué ha traído el amor interesado? Éste ha traído la neurastenia al mundo. De esta manera el hombre se carga con materiales excesivos que no puede llevar. Él quiere ganar de cierta manera, pero no puede. Él quiere elevar de alguna manera a la sociedad, y esto no puede. Por ejemplo, los búlgaros, cuando quieren lograr algo, dicen: “Tú unta el coche de este, de aquel, como él quiere, para que logres tu deseo”. – Con untar el coche, este trabajo no se hace. Con untar el coche, el hombre no puede elevarse. Hay una ley básica que reside en lo siguiente: no te ocupes con untar el coche de este, de aquel, sino encuentra el rasgo bueno básico en cada hombre y trabaja este rasgo. Si tú trabajas este rasgo bueno suyo, este hombre siempre estará listo de ayudarte, pero si tú le sospechas, él se negará de ti, no te va a ayudar en nada. Frecuentemente los apaches americanos escriben a algún millonario americano que les dé tantos y tantos dólares, de otra manera cogerán a su hija. Ellos les amenazan, pero muchos de estos millonarios prefieren dar 20-30 o más dólares que coger detectives que persigan a los apaches.

 

            Ahora la raza blanca debe negarse de su demasiado amor por las riquezas. La futura humanidad debe ser una humanidad de la generosidad. Ahora, cuando vayáis a América veréis que todos predican que se ahorre dinero para días negros, para los años de la vejez. Pero he aquí vino ahora la crisis y alrededor de dos mil bancos, en los cuales había dinero ahorrado para días negros, quebraron, y el dinero se fue. ¿Qué sucedió? – Nada. Hasta algún punto esta manera de ahorrar el dinero, de todas maneras es una solución de la cuestión. El hombre siempre cree en los bancos salvadores. Pero la honestidad debe hacerse un banco salvador. El hombre debe ser honesto, que no tenga absolutamente ningún deseo de morder a alguien. Si tenéis tales bancos, nadie puede padecer daño. La cuestión no es que se desarrolle el amor por las riquezas uno contra otro, sino que la honestidad debe desarrollarse entre la gente. Si la honestidad entre la gente se desarrolla, entonces nosotros tendremos un sistema financiero en el cual no van a ocurrir tales cambio rápidos. En esto no hay nada malo. Tú has ganado 20-30 años, y alguien toma este dinero, come y bebe, se viste, y tú te quedas con una deuda. Y entonces tú sacas otra filosofía: “No vale que el hombre haga bien”. Si viene a ti alguien para pedirte una suma de ciento mil levas de ganancia, pero tú tienes solo diez mil levas, y él pide 30 mil. A este hombre le puedes dar solo cinco mil levas a préstamo.

 

            “Acuérdate de tu Creador en tu juventud”. Si se aplica esta ley “acuérdate”, tú debes recordar el bien en el mundo. Tres cosas hay que el hombre debe recordar en el mundo. Él debe recordar el bien que la gente le ha hecho. Él debe recordar la libertad que los demás le han dado, y finalmente él debe recordar su justicia, sus comportamientos justos que ellos han tenido hacia él. El siervo siempre debe recordar a su buen amo que le ha elevado. Él le ha tomado del lodo y le ha elevado más que a su hijo. Y si este siervo no valora a su amo, para él vendrán días malos. Todo esto que el amo ha hecho, esta es la Providencia en el mundo Divino. Él no lo ha hecho para sí. Él dice: “Por el Amor que yo tuve, yo hice esto. Haced y vosotros esto que y yo hago”. Y si vosotros vivís bien, es suficiente que deis un buen ejemplo en la vida para que os sigan. Es suficiente dar un buen ejemplo en su vida para que os siga. A veces vosotros queréis hacer un bien en vuestra vida por el cual la gente os seguirá. Muchos siguen en pos de alguien.

 

            Os voy a transmitir un tal ejemplo. En América, en una región, en una diócesis había un obispo, un predicador bueno, bajo la guía del cual se encontraban alrededor de 400-500 predicadores. Este obispo sostenía su cabeza un poco a la izquierda, de manera que todos los predicadores le imitaban, y ellos sostenían su cabeza a la izquierda, le imitaban. ¿Qué malo hay en esto? Ellos estudiaban que hay un obispo que sostenía su cabeza a la izquierda. De esta manera ellos andaban por su camino. Algunos dicen: “Los hijos deben andar en el camino de su padre”. No, el hijo no debe seguir a su padre, sino a sus virtudes. Si tu caminas erguido como tu padre, y si esta posición erguida significa que tú concentras tu mente hacia el centro del Sol, hacia el gran principio, comprendo, pero si esta posición erguida sobreentiende una aspiración hacia el centro de la Tierra, y no hacia el Sol, tú, aparte de que no vas a traerte ningún bien, sino que te traerás el mayor mal. Yo estoy por el caminar recto, pero según yo, un hombre que camina recto, sacando su pecho hacia adelante, esto todavía no es caminar recto. Cuando camina, el hombre no debe sostener sus ojos hacia la tierra. Cuando camina, el hombre debe sostener sus ojos levantados, que la mirada esté hacia arriba y cuando mira que vea solo las cosas bonitas. Por dondequiera que pase, sea al lado de algún hombre o en otra parte, él debe ver las cosas bonitas, sin buscar los defectos de la gente. Cuando entra en un país o en un pueblo, o en una sociedad, en todas partes él debe buscar las cosas bonitas. Lo bonito es de Dios, y el mal es de los demás. El mal es solo una condición para el bien.   

   

            La gente contemporánea necesita de un método correcto de educación. Preguntad a quien sea de América, de Inglaterra, de Bulgaria o de donde sea, que os digan un método para la educación de los niños, que veáis lo que os dirán. Yo me he encontrado con muchos métodos para la educación de los niños, pero todavía no me he encontrado con un método correcto de cómo se deben educar a los niños. Cada uno dice que el niño debe ser libre. ¿Pero en qué, en realidad, consiste esta libertad? La libertad excluye cualquier violencia, cualquier mal, cualquier mentira. Aquel a quien queréis dar libertad, antes que todo debéis excluir de él cualquier defecto. Cada uno solo debe concientizar sus defectos y antes de tentarse, que sepa, que se conozca a sí mismo. Solo entonces él puede ser libre. No solo que las tentaciones no deben afectar al hombre, sino que él debe ser libre de estas. El hombre no puede evitar la tentación. Esta tentación puede venir en la mente o en el corazón del hombre, pero él debe recordar una cosa: mientras esta tentación no ha venido en la voluntad del hombre, ésta está fuera de él, pero si una vez venga y en su voluntad, esto ya es un veneno para él. Todas las desdichas en el hombre vienen a través de la aceptación del mal en él. Cuando acepta el mal, se forma un enlace en su organismo. Imaginaos que en el hombre aparece el deseo de robar algo. No es malo que el hombre fuera a robar 10-15 mil levas, pero este acto dejará por cuatro generaciones consecuencias malas en él. Después de este robo, el hombre debe pasar cuatro generaciones enteras para purificar esta impureza de él. La estadística ha mostrado que un mal se liquida en cuatro generaciones, y un bien, hecho, lleva sus consecuencias para miles de años. En tal caso es mejor que el hombre haga por un bien. Si el hombre hubiera hecho cada día por un bien microscópico, él tendría resultados grandes. Si cada día la madre y el padre, las hijas y los hijos hubieran hecho por un bien pequeño, ellos hubieran adquirido mucha cosa. Ninguna otra educación les sería necesaria. Si cada día la madre, el padre y los hijos hubieran hecho por un bien pequeño, y en la noche, cuando regreséis, que cada uno cuente qué bien ha hecho, que cuente su experiencia, una cosa más magna que esta no hubiera habido. La madre dirá a su niño: “Haz este bien”. – Esto ya no es bien, esto es disciplina. O le dirá: “Arrodíllate en la tierra, pon tu mano en el pecho”. El niño hace estos movimientos, pero él no sabe lo que significa cada uno. Esto es disciplina, no es bien. Cuando pone sus manos así, el niño no sabe que esto significa unidad entre su mente y su corazón. Esto significa la recogida de los dedos cuando el hombre se persigna. La madre, que no sabe estas cosas, ordena a su hijo a orar, como un sargento, y dice: “Venga ahora, lee el “Padre nuestro”. Y esto no es malo, pero esto no puede dar al niño aquella educación noble. Pero una vez crecido, el niño dice: “Yo he orado, pero porque mi madre permanecía delante de mí”. Otros pues se quejan que no eran libres. Cuando se vuelven adultos, ellos hacen esto lo que solos encuentran por bien. ¿Si es bonito, por qué no hacer esto los niños y como pequeños, y como adultos? Pero esta posición es exclusiva. Todos nosotros nos encontramos en posiciones exclusivas, pero estas posiciones deben utilizarse por diez veces, pero solo diez veces como mucho en el mes. De otra manera, esto significa que juegues con la Naturaleza. Esto significa que dices qué estás listo de hacer todo, cuando esto no es cierto. Esto es igual como cuando un hombre quiere tomar algo de alguien, y para tomarlo él dice: “Yo pagaré”. Pasa un mes o dos, pero él nada paga. No, si quieres dinero a préstamo, dirás la verdad. Para un mes diez mil levas no se pueden pagar como por un hombre con tu posición. Vosotros educáis a los niños pequeños, pero una vez crecidos ellos dicen: “Nosotros estábamos en engaño”. No, esto no es educación. La gente mundana ha llegado a la posición de decir que los niños deben ser libres. ¿En qué consiste esta libertad? Alguien solo se ha determinado en qué creer. En esto estoy de acuerdo. Pegunto: ¿Por qué hasta cierta edad el padre y la madre son autoridades para el niño? El niño absolutamente debe creer en su madre y en su padre. El padre solo debe ser un modelo. Si el padre dice a su hijo que ningún Señor no le hace falta, él perderá su autoridad. El padre debe ser un modelo absoluto para su hijo. El niño nunca debe ser cogido en mentira. Por ejemplo, viene alguien al hogar, y la madre dice: “Di que no estoy”. El niño dice que su madre no está en casa, pero con esto en él se introduce ya la primera mentira. Él dice: “Este trabajo era fácil”. Mañana este niño libremente meterá la mano en el bolsillo de su padre y tomará dinero. Esta es la educación del pasado. Ahora vosotros queréis auto-educarse, pero debéis saber que cada enseñanza nueva sobreentiende una moral nueva. El mundo presente pasa por una otra forma que crea una moral nueva. Esta moral nueva va a reorganizar la sociedad futura. Esta sociedad no puede reorganizarse con las mismas medidas que ahora tiene. Imposible es esto. Los animales fueron creados por otra moral que esta por la cual fue creada la gente, o sea el hombre. Cuando vino el hombre, vino y otra moral en el mundo. Ahora ya estamos en otra época. Hasta cierto tiempo se hablaba de una época de la creación, ahora se habla de una época de la evolución, del renacimiento del hombre. La creación es un proceso mecánico, y el renacimiento – orgánico. Ahora toda la gente ha entrado en el proceso orgánico, a consecuencia de lo cual todos sienten sufrimientos grandes. Cualquier daño que haga uno, o un error, inmediatamente concientiza que no es así y sufre. Toda la raza blanca, pues y los más espirituales sienten que algo dentro de ellos les inquieta. Una preocupación interna hay en la raza blanca. Desde el punto de vista del cual salgo, yo considero este estado muy natural. Este estado es parecido al estado en el cual se encuentra la mujer embarazada que empieza a preocuparse en cómo dará a luz al niño. Cuando quedan unos cuantos días hasta el nacimiento, ella comienza a preocuparse por si por acaso no ocurre alguna catástrofe con el niño que ha gestado. Los sufrimientos que la raza blanca lleva, muestran que ésta está embarazada con algo y debe dar a luz. De la raza blanca debe nacer la Sexta raza. Este es ya el embarazo. De esta raza nacerá la nueva raza, la nueva gente. Estos sufrimientos grandes, estas catástrofes, esta hemorragia de sangre muestra que ella ha llegado a un estado embarazado del cual debe nacer el futuro, lo magno en el mundo. Cuanto más grandes son los sufrimientos, tanto y nosotros estamos más cerca de aquel momento interno del nacimiento. – Nacimiento interno. He aquí, y Cristo, el que vino a predicar esta Enseñanza, Él mismo debería pasar por sufrimientos grandes. Imaginad a un hombre que era tan sensible y que solo curaba enfermos, hacía milagros, en 24 horas debería llegar a Él una legión de seis mil soldados, a burlarse de Él, a escupirle, a injuriarle, a pegarle y por encima de esto darle a llevar una cruz de madera. Y Él tenía dignidad humana. Cuando fue sometido a esta prueba, sangre salía de sus poros. Es extraño que en esta posición su corazón no se rompió. A cualquier otro hombre del cual su sangre sale de sus poros, sin falta se le hubiera roto el corazón. Esta sangre salió de Cristo por causa de la tensión grande, alta, bajo la cual se encontraba. Pero y en esta posición su corazón no se rompió. Si subís a una altura de unos cuantos kilómetros, de vuestro cuerpo empezará a salir sangre, lo cual se debe a la gran tensión externa en comparación con la interna. Pero y cuando Le subieron a la cruz, de nuevo no Le quedó tiempo para Su aflicción. Hasta qué punto es cierta esta anécdota, no se sabe, pero la leyenda cuenta lo siguiente: Cuando estaba en la cruz, a Cristo vino un padre cuyo hijo estaba seriamente enfermo, pero él esperaba solo a Cristo y Le pidió que ayudara a su hijo. Cristo se volteó hacia los soldados romanos solo con el pedido de desclavar sus manos solo para ayudar a este enfermo y luego de nuevo clavarle, pero ellos Le negaron. Entonces, los soldados romanos negaron a Cristo que haga Su último bien. Desde entonces, cuenta la historia, el imperio Romano cayó, puesto que prohibió a Cristo cumplir el último bien. Si y vosotros prohibáis a vuestro Cristo, a vuestro Espíritu, hacer un bien, y vuestro destino está firmado. Si y vosotros en 24 horas podéis escarnecerse con lo Divino en vosotros, que es lo más magno, y después de esto ponerlo a la cruz, y vuestro destino ya está decidido. El imperio Romano en este aspecto permanece como un ejemplo, no es que ha hecho tanto bien, pero el hombre se conoce por su amor en el final y no en el principio. Para mí no cuenta vuestro Amor en el principio, sino en el final. Para mí no cuenta cómo habéis sido creados en el principio, sino cómo estáis al final. Yo preferiría que al final esté como se debe, y no al principio. Más idealista es al principio y no al final. Esta es la perfección.

 

            Ahora nosotros hemos venido a la Tierra y muchos preguntan por qué han venido. Otros dicen: “¿Cristo por qué vino a la Tierra?” Cristo y nosotros somos una y misma cosa. Nosotros hemos venido para realizar esto lo que Cristo hace dos mil años comenzó a realizar. Ahora nosotros esperamos a que Cristo venga una segunda vez. Pero si Cristo viniera una segunda vez, ¿sabéis cómo será Su venida? Esto será como el tocar de Paganini a quien le hicieron tocar en tres cuerdas. Él tocaba en tres cuerdas. Después de esto le preguntaron si puede tocar en dos cuerdas. Él tocaba y en dos. Luego querían que tocara en una. Él dijo que y en una cuerda puede tocar, pero salió fuera y más no regresó. Pues ahora, si y vosotros esperáis a Cristo venir para tocar en una cuerda, o sea, en vuestra mente, Él no aparecerá. La gente contemporánea espera a Cristo aparecer y trabajar según sus creencias y comprensiones. Ahora vosotros esperáis a que venga Cristo en nuestras formas y hacer a la gente extremadamente feliz. El que está listo de ser feliz, será, y el que no está listo, él llevará sus sufrimientos. El Amor vendrá y hará a toda la gente feliz. No solo en aspecto espiritual, pero yo considero que esta felicidad será tanto en el mundo espiritual como y en el físico. Para mí, y el mundo espiritual, y el físico es una y misma cosa. Si el hombre no conoce el mundo físico, ¿cómo conocerá el espiritual? ¿Por qué? Porque el espiritual es un mundo extremadamente amplio, éste es tan complejo, con tantas cosas. Alguien dice que ha ido al tercer cielo. – ¿dónde ha ido en aquel mundo? He aquí, el apóstol Pablo dice que ha ido al tercer cielo. Hasta ahí solo ha alcanzado él. Hay y algo más que el tercer cielo. Dice él que ahí oyó y vio cosas que ni en este, ni en el aquel mundo pueden verse.

 

            Ahora regresemos al pensamiento principal. Puesto que se predica de aquel mundo, yo no os predico de aquel mundo. Yo os hablo de este mundo. Aquel mundo es exactamente tal como es este mundo. Si vosotros morís y vais no preparados a aquel mundo, he aquí lo que os va a ocurrir. En un libro suyo un americano escribe sus experiencias. Él recibía cartas de un pariente suyo del aquel mundo, que le decía: “Grandes son mis desdichas aquí. Todo tengo para comer y beber, pero no puedo comer. Miro delante de mí una mesa bien puesta con comida. Apenas doy un paso hacia ésta y ella inmediatamente retrocede un paso de mí. Ya diez años que estoy aquí, siempre me encuentro en la misma posición. Todavía no me he sentado para comer un poco. Ojalá regrese más pronto a la Tierra para alimentarme, de otra manera aquí moriré hambriento”. Todo lo que ve para comer se le antoja, pero no puede comer. Así se tortura ya diez años seguidos. Así será para cada hombre no preparado cuando entre en aquel mundo. El bien estará delante de él, pero él no podrá comer de nada. En tal caso mejor es la comida de aquí que la vista espiritual. Sin embargo, y el mundo espiritual tiene su lado real. Éste se refiere para aquel que está preparado. Y ahí hay comida de la cual el hombre puede comer. Si te es permitido en aquel mundo comer, entonces no hay por qué regresar. Si puedes comer en aquel mundo, mejor lugar que allí no hay. Pero si no puedes comer, peor mundo que aquel no hay.

 

            Ahora no que os diga que creéis. Podéis verificar esto. Si lo encontráis por probable, bien. Si no lo encontráis por probable, ponedlo de lado. Esto está dicho de paso, solo para echar cierta luz en vuestras mentes. Unos dicen que el Sol era derretido y tenía el calor de un millón de grados. Otros dicen que había 25 millones de grados de calor. Terceros dicen que había 40 millones de grados de calor. Y esto es posible, ¿pero quién ha medido este calor? Dicen que esto se determinaba por el espectro del Sol, según los diferentes elementos que se encuentran en el Sol. Ahora, esto es como una teoría, como una hipótesis. Ahora, de cualquier manera que reflexionemos, digo: Acordaos de Aquel Quien os ama. Acordaos de Aquel Quien os ha hecho bondades innumerables. Acordaos de Aquel Quien siempre ha abogado por vosotros. Acordaos de Aquel Quien os ha creado. ¡Amadle!

 

            “Bendito el Señor Dios nuestro” (canción – n.d.t.).

            Secreta oración.

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