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Ani

1914_03_16 He aquí el Hombre

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HE AQUÍ EL HOMBRE

 

Entonces salió Jesús,

llevando la corona de espinas y la ropa de púrpura.

Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

Juan 19:5

 

         La palabra hombre (човек /chovek/ o человэкъ /chelovek/ en la cual ‘век’ significa siglo) en búlgaro se entiende como criatura que vive durante un siglo entero. Pero en la lengua original, en la cual fue escrita esta frase, hombre tiene otro significado – significa Jesús, el Hombre que vino a la Tierra, hermano de los que sufren. ¿Qué tenemos que entender de esas palabras? ¿Puede la gente, cuando aparecemos delante del resto del mundo, decir de nosotros: “¡He aquí el hombre!”? Para que un hombre sea honrado con este nombre, tiene que tener en sí cuatro cosas: ser rico, ser fuerte, tener conocimientos, tener virtudes. Diréis: “¿Qué hace aquí la riqueza?”. La riqueza es el suelo, las condiciones en las cuales se puede desarrollar el hombre; es el suelo en el que se desarrolla la Fuerza, y ella trae Calor y Luz, que afectan el crecimiento, el desarrollo. Cuando llegamos al Conocimiento, es el método a través del cual se tiene que entender y regular nuestra vida. La Virtud es la meta hacia la cual tenemos que aspirar.

         La gente pregunta muy a menudo: “¿Qué tenemos que hacer?”. Plantad un grano de trigo y él os enseñará qué tenéis que hacer. Diréis: “¿Cómo?”. Humedecedlo y los rayos del sol mostrarán hacia dónde aspira el grano de trigo – hacia una dirección, hacia el Sol – la fuente de la Vida. Y nosotros, igual que el grano de trigo tenemos que crecer – aspirar hacia Dios. Alguien puede preguntar: “Cuando el grano crezca, ¿llegará hasta el Sol? Yo quiero encontrar a Dios”. Tu no necesitas saber dónde está Dios, solo tienes que aspirar hacia Él. El grano ha entendido qué cosa es el Sol y ha aceptado lo que quiere, la misma ley se aplica para nosotros – nosotros tenemos que repetir el mismo resultado. Tenemos que ser plantados, nuestra vida necesariamente tendrá dificultades que constituyen esos pequeños pero necesarios obstáculos, igual que con el grano de trigo – se necesita un poco de presión y luego vendrá el proceso de crecimiento – el Conocimiento. Entonces, la Virtud será cuando las frutas maduren.

         Por lo tanto tenemos que estar plantados, se nos tiene que poner un poco de tierra, que haya un poco de presión; luego tenemos que crecer hacia arriba y adquirir conocimiento, y cuando éste conocimiento crezca hasta cierto punto, tiene que convertirse inmediatamente en un grano de trigo. Luego el Señor mandará que cosechen el trigo y Él separará lo útil de lo inútil – el trigo de la cizaña. Nosotros nacemos – eso significa que surgimos; crecemos, nos desarrollamos, morimos y nos entierran en la tumba – eso es pisotear, avasallar. Y del campo Dios recogerá lo que necesita. Esto corresponde al establo y al granero: la cizaña se guarda en el establo y los granos – en el granero.

         Os leí el capítulo 19 del Evangelio de Juan para que vieseis las cuatro cosas que Cristo llevaba en la cruz – cuatro cosas que nosotros tenemos que aprender: cuando situemos la Virtud en la cabeza, que no fue clavada; en el lado izquierdo – el Conocimiento; en el derecho – la Fuerza; y abajo con las piernas – la riqueza, nosotros también tendremos entonces al hombre crucificado. Es decir, cuando clavemos la riqueza, la Fuerza y el Conocimiento, sus fluidos subirán hacia la cabeza – hacia la Virtud. Cuando Dios quiere hacer al hombre bueno le clava en la cruz – clava sus riquezas, su fuerza y conocimientos. ¿Qué significa clavar? Le meten en la caja fuerte para que no lo coja nadie, para que no disponga de él nadie, porque Dios es el que dispondrá de él. Él dice: “Cuando trabajo Yo, tu estarás tranquilo”; y porque el hombre no quiere estar tranquilo, Dios dice: “Clavadlo para que esté Yo tranquilo, para que Yo trabaje”*. Y cuando nos clavan en esta cruz no deberíamos llorar, porque entonces Dios trabaja para nosotros. Miserable es el que no está clavado en la cruz. Quien quiera que Dios se ocupe de él tiene que pasar por este proceso de desarrollo. Estoy hablando alegóricamente.

         Antes de ese proceso de desarrollo necesariamente tiene que haber Fe, una Fe inquebrantable en el plan general Divino, que tiene en cuenta todas las criaturas que Dios ha creado. No debemos dudar de Dios, porque Él es perfecto, omnipotente. Y Jesús dice en alguna parte: “Lo imposible para el hombre, para Dios es posible”*. Los caminos Divinos son inexplicables, no se debería permitir el pensamiento de que pueden ser distorsionados y detenidos – eso es imposible. Y cuando somos invocados y nos hemos ido por el camino Divino, debemos tener esa simple fe que tienen los niños y evitar imperfecciones como las mencionadas en el siguiente cuento.

         En Inglaterra un gran artista quería pintar un cuadro en el que poder representar la pobreza absoluta. Durante días y meses estuvo recorriendo Londres para encontrar un sujeto adecuado para la idea, y por fin encontró a un niño mendigo que se ajustaba a sus deseos, y se dijo a sí mismo: “Esa es la cara que servirá para la creación del cuadro”. Se acercó a él, le dio su tarjeta de visita con su dirección y le dijo: “Venga en cuatro días, tengo que hablar de algo con Usted”. El niño cuando vio este hombre tan bien vestido, pensó: “¿Cómo voy a ir así a verlo – prácticamente desgalichado?”. Y fue con unos conocidos para vestirse, para que se presente como se presentan a los reyes – encontró ropa, se vistió y fue a ver al pintor.

– ¿Quién es Usted? – le preguntó el artista.

– Soy alguien.

– ¡Váyase de aquí! Si quisiera a alguien así, bien vestido, los hay miles. Yo le necesitaba igual que como le vi.

         Y nosotros, cuando el Cielo nos invita a trabajar, queremos vestirnos, pero la fuerza no está en nuestra ropa, gorros, guantes y zapatillas, ni siquiera en los collares, corbatas y relojes – ellos no constituyen nada importante. La fuerza está en nuestra mente, en nuestro corazón, en los impulsos y aspiraciones nobles de hacer el bien; cuando tenemos estas cosas, las demás vendrán solas, a su tiempo. ¿Realmente, cuando vayamos al Cielo, tenemos que coger nuestra ropa de aquí? Dios cuando nos llama para ir al Cielo nos desviste aquí, en la Tierra. Él no quiere nuestra ropa, y dice: “Traedlo como es”*. Cuando alguien muere, cada uno de nosotros le da la espalda, incluso los que le han querido dicen: “¡Alejadlo lo más pronto posible!”. ¿Dónde está entonces su amor? Pero Dios no le da la espalda y dice: “Traedlo, Yo le necesito como es”*. Y cuando nos ponen en la tumba y nos dejan, ¿qué hace Dios? Él empieza a hablar con nosotros ya que no es como algunos piensan – que los muertos se liberan. Nos pregunta: “¿Comprendiste la vida, comprendiste cuál es el sentido de la vida, que Yo os mandé?”*. Precisamente en esa conversación Dios dibuja Su gran cuadro. Entonces, nace aquel proceso: la gente, después de despedirse del hombre, empieza a llorar y enumerar todas sus buenas cualidades, y ve el cuadro Divino que está representado en dichas cualidades.

         Nosotros tenemos que aguantar los sufrimientos que vienen, y aprender una lección de ellos. Jesús con Sus sufrimientos terrenales quería darnos ejemplo, que tenemos que obedecer a este proceso Divino. En una ocasión dice: “¿No tengo Yo el poder de pedir a mi Padre que envíe miles de Ángeles para salvarme? Pero si no cumplo eso por lo que vine, ¿cómo ascenderán los humanos?”*. Y Él mismo querría ascender. Vosotros estáis en la Tierra, un día para vosotros también vendrán tormentas, dificultades y puede que el mismo destino, pero cuando llegue esa hora, no debéis considerarlo una desgracia para nada, porque donde no haya sufrimiento no hay enriquecimiento. Donde hay penas hay también alegrías; donde hay muerte, hay también resurrección. Y el que no quiere participar en los sufrimientos de la humanidad, no ganará nada. ¿Qué son los sufrimientos? Consecuencias de errores, causados a veces por nuestra incompetencia, y justo esos errores se corrigen a través del proceso del sufrimiento. Ese proceso es el método para que nos adaptemos y lleguemos hasta aquellos superiores, ascendentes vibraciones, que nos esperan en el Cielo. Tienen que llevarse cien penas para soportar una alegría Divina; entonces apreciaremos como es debido aquella alegría y la mantendremos. Y por eso Dios empieza por los sufrimientos – para que nos temple (como el ferretero templa el hierro, para que lo haga adecuado para el trabajo), para que aguantemos la alegría que llegará luego.

         Cada uno de nosotros es necesario, muy necesario para Dios. Puede que para el mundo no seáis nada, un cero, pero para Dios sois una unidad importante. Solo Dios que os ha enviado a la Tierra aprecia vuestros sufrimientos y por lo tanto no debéis preocuparos por lo que opina el mundo de vosotros; Él, Quien os ha enviado, piensa en vosotros y os aprecia. Para vosotros es importante tener la aprobación de Dios. Si Dios está con vosotros, seréis hermosos, y el mundo quiere lo hermoso; si Él está con vosotros, seréis ricos, fuertes, buenos, y lo bueno siempre se aprecia.

         Ahora os hablaré de Dios no como criatura, como dicen los filósofos, difuso, disperso en el espacio, imposible de averiguar dónde está, sino de aquel Dios, de Quien predico, Quien piensa en nosotros, Quien observa nuestras acciones, arregla, corrige, castiga, viste, desviste, nos hace nacer y morir. ¿Qué es morir? Dios hace una operación – ve que vais a perder mucho y reduce el proceso de vuestra vida: “Para que no haga más deudas, coged el capital que le he dado, los tiempos ahora no son favorables, dejadle para otro tiempo, traédmelo”*. Y en ese proceso pensamos que el mundo nos ha olvidado. Pero si el mundo nos ha olvidado, Dios piensa en nosotros. Y el mundo necesariamente debe olvidarnos. Una chica nunca se puede casar si quiere a todos los chicos; tiene que elegir a uno y decir: “Este es mi mundo”. Y en la vida este hecho es igual de correcto – debéis tener solo un Dios. Hay muchos dioses en el mundo que querrán atraeros, pero vosotros debéis encontrar vuestro Dios, con Quien podáis vivir, desarrollaros y enriquecer.

         La Sagrada Escritura dice: “Dios no está solo en el Cielo, Él vive en los corazones de los humildes”*. Por lo tanto la primera cualidad que debéis adquirir, para que Él pueda vivir en vosotros, es la humildad. Pero esta humildad no es como la humildad de una oveja – cuando os peguen u os rompan las piernas y digáis: “No hay qué hacer”; no es humildad, cuando os cojan toda vuestra riqueza y digáis: “Nos sentimos humildes”. La Humildad se dará cuando tengáis todas las riquezas, fuerza, conocimientos, lo bueno, que toméis conciencia y digáis: “Dios, ¡Tú dispones de todo lo que tengo!”. Pero ahora cada uno hace lo siguiente: todos predican el Evangelio y siempre arreglan el mundo, pero cuando Dios llega a sus bolsas repletas, gritan: “¡No, allí no se puede! La mitad, mira, podemos dar, pero todo – no”. Cuando llega a la fuerza, dicen: “Tú no puedes disponer de toda mi fuerza”. Pero cuando Lo necesitamos, queremos y Le pedimos que nos dirija y ayude. Esta manera humana de entender a la vida predomina en todas las filosofías desde hace miles de años y nuestros sufrimientos vienen justo de eso. Y Jesús con Su vida quiere enseñarnos el Camino.

         Muchos cristianos entienden, que cuando se convierten en cristianos, tienen que abandonar el mundo. Podéis renunciar a todas vuestras casas, riquezas, mujeres, hijos, e incluso entonces seguir pensando en ellos. Podéis ir a algún monasterio aislado y seguir pensando: “¿Qué habrá pasado con mi mujer, mis hijos, mi casa?” – eso significa que no habéis renunciado a ellos, que no estáis libres. Renunciar las cosas no significa que les olvidemos, sino que dejar a la gente libre – dejar que la mujer haga lo que quiera, dejar que el hijo haga lo que quiera. Renunciar al mundo significa que lo abandonemos, que no le molestemos – que siga su camino. ¿Podemos parar la corriente del rio? La tenemos que dejar que siga su camino; podemos hacer solo una cosa – utilizarlo. De la misma manera no podemos parar la Vida y solo debemos utilizar las cosas. Y Jesús nos dice clara y positivamente: “Si Me queréis” – y debemos quererle; de ningún modo no nos dice: “¡Ay de ti si no Me amas!”. No, Dios nunca quiere sacrificios por la fuerza.

         La gente dice: “¿Por qué Dios, como es todopoderoso, no arregla al mundo?”. ¿Cómo lo tiene que arreglar? – “El que miente que se le seque la lengua; el que roba que se le seque la mano”. Pues entonces tendríamos un mundo solo de mudos y cojos. ¿Qué pensáis, nos hubiera gustado un mundo así, solo con inválidos? Pero Dios da un control diametralmente opuesto, sigue el proceso contrario y dice, que el que quiere ser señor, tiene que ser sirviente. Este proceso consiste en lo siguiente: la gente fuerte normalmente quiere que todos los ríos fluyan dentro del suyo, pero en lo Bueno es justo el proceso el opuesto – Dios se derrama en pequeños ríos y en vez de controlarlos los deja que se controlen solos. Podéis hacer un pequeño experimento en vuestra casa: que salga de vosotros el pensamiento que vosotros controléis; poned en vuestra mente la idea de ser sirvientes – que os convirtáis en sirvientes por Dios, y entonces bajareis en el lugar de Dios. Buscáis a Dios en el Cielo, pero Él no está allí; cuando vosotros gemís y sufrís, Él está en vosotros. Y a lo que la gente llama crecimientoavance, en este proceso Dios trabaja, Él es el mejor trabajador.

         Algunos se quejan: “¿Por qué Dios no ve nuestros sufrimientos?”, pero Él dice: “No hay tiempo, estoy tan ocupado con vuestras cosas, Estoy ocupado con cosas vuestras mucho más importantes; cuando quede tiempo, me ocuparé de vuestros pequeños malentendidos exteriores”*. Eso no es alegoría, sino realidad. Hay un verso en la Sagrada Escritura, en el cual Dios dice: “Yo era para Israel como un carro de madera cargado, en el que la gente siempre metía todo”*. Pero los sufrimientos que sentimos aquí son sufrimientos de Dios – Él sufre y llora en nosotros. Decimos: “Yo lloro, mi alma está triste”; pero cuando decimos: “Dios, perdóname, Te causé tanto sufrimiento con impuros pensamientos y actos”, entonces llegaremos a este camino verdadero, que nos salvará de la maldad contemporánea. Y por fin tenemos que dejar que nuestro Dios fortalezca en nosotros. Nosotros Le hemos atado con cuerdas y Le hemos clavado, cuando Le tenemos que sentar y dejar tranquilo en la tumba; entonces Él resucitará y nos liberará. Estad seguros de una cosa: los que impiden Su camino somos nosotros, los humanos; los diablos no impiden el camino de Dios. Ya que Él ha establecido la ley de la Libertad, Él no puede, no quiere alterar esta ley; y hasta que no lleguemos a este entendimiento – que obedezcamos voluntariamente, Él no nos salvará. El entendimiento de ser como Él nos tiene que llegar muy adentro, entonces utilizaremos para ascender nuestras riquezas, fuerza y virtudes. ¿De quién? De nuestros hermanos, nuestros prójimos. Cada uno de nosotros tiene que buscar y apreciar las almas de nuestros hermanos, y no querer a sus cuerpos.

         Os puedo decir que Jesús cuando ha venido aquí, incluso ahora no se ha ido de la Tierra; Él vive entre los humanos, trabaja entre ellos y tiene que resucitar ya en nosotros. Debemos tener Fe, pero no de aquella fe y aquel miedo que tenían los Judíos – “No tenemos más rey que el César”*, y cuando este César después de unos años destruyó Jerusalén y derramó su templo, ellos renunciaron a él. Y ahora el hombre puede decir: “César es mi rey”, pero las consecuencias serán las mismas.

         Déjenme volver: primero tenemos que vivir en este mundo, prepararnos; no podemos vivir en el Cielo, porque allí el Calor y la Luz son muy brillantes. Igual que el jardinero, cuando replanta pinos bajados de un lugar alto, hace unos injertos mientras los aclimata, de la misma manera que el Padre Celestial no nos puede coger de aquí y plantarnos directamente en el jardín del Edén. Incluso nuestro sistema educativo está organizado de esta manera: primero tenemos que pasar primero de primaria, luego – segundo, el resto de los cursos, la universidad y al fin entramos en el mundo. Todos esos son métodos de la cultura, a los cuales se tiene que adaptar el que quiera avanzar. Un cristiano, según lo entiendo, no debe ser un hombre estúpido y que diga: “Lo que Dios da”. Cuando habéis arado vuestro campo, vosotros plantáis trigo, porque si no plantáis trigo, ¿qué dará Dios? – malezas y espinas. Cultivad el viñedo, plantadlo y dará fruta; la vid de uva que plantéis, es el tipo de fruta que obtendréis – si plantáis palos de mala calidad os dará manzanas silvestres. Dios le dio a vuestro hijo buena mente, ¿pero vosotros qué plantasteis en su mente? – ¿acaso fueron aquellos embriones que darían buena fruta?

         Nosotros queremos ser virtuosos, fueres, ricos; podemos tener y Virtudes, y Fuerza, y riqueza, y es útil que los tengamos. Las condiciones en las cuales ellos florecen y se desarrollan son: el embrión Divino, la ley Divina y el equilibrio Divino. El equilibrio: esa es la Virtud; la ley: eso es el Conocimiento; las condiciones: esa es la fuerza; el embrión: esa es la riqueza. Me preguntareis: “¿Cómo encontraremos a Dios?”. Muy fácil.

         Uno quería gastar una broma y molestar a otro, que le dijo: “Nosotros estamos en un jardín, en el cual hay muchas manzanas buenas”. – “Pero yo no veo nada” – le respondió el otro, cerrándose los ojos; su amigo le abofeteó y el otro abrió los ojos y vio. Así Dios a veces nos abofetea y nosotros empezamos a ver. Aquellos de vosotros que tienen los ojos cerrados, tienen que querer abrirlos. El mundo contemporáneo argumenta y dice: “¿Dónde está Dios? Él está en los árboles, en las piedras y en la tierra”; pero cuando llega el sufrimiento, todos miran hacia arriba, ven que Él está allí y dicen: “¡Dios!”. Por eso son los sufrimientos – son una bofetada que nos da Dios cuando nos dice: “Yo os he creado para que miréis, no que estéis con los ojos cerrados”*. Y nosotros para ascender tenemos que ser como los niños – buscando y siendo perceptivos.

         Ahora os diré otra cosa. ¿Cuál es el método por el cual tenemos que trabajar? De aquí en adelante siempre tenemos que estar conectados mentalmente y cordialmente con toda la gente en la Tierra, porque la salvación está en nuestras oraciones comunes – “La unión hace la fuerza”. Y cuando las mentes y los corazones de la gente se unen, entonces viene el Reino de Dios en la Tierra. En un amigo que en realidad queremos, no debemos buscar sus defectos – y él como nosotros los puede tener; los defectos son la ropa exterior con la cual está vestido el hombre, pero el alma humana está limpia, ella no se puede dañar, no se puede destruir. Nadie puede corromper vuestra alma Divina; puede que se ensucie por fuera, pero no por dentro, porque Dios vive en ella, y es impensable destruir algo que Dios protege. Nosotros podemos obedecer al mundo, como Jesús le ha dicho a Pilato, que le ha contestado: “Yo tengo el poder de crucificarte”*: “Yo obedezco a quien te ha dado este poder, pero Mi alma está libre”. Tenemos que obedecer a los sufrimientos temporales; nosotros no podemos entenderlos, pero cuando muramos y resucitemos, entenderemos por qué han sido.

         Todos hasta ahora han sido atormentados por ansiedades y miedos en la vida, pero eso no es Vida. Vida es cuando el hombre está lleno de sentimientos nobles. Feliz es el que se alegra de que haya podido hacer algo bueno generosamente. Alguien os ha ofendido – no le aplaudas, no le des la mano; puede que le des la mano sin que eso sea un apretón de manos; puede que le aplaudas sin que eso sea admiración. Y normalmente aplaudimos al más grande, pero con eso le decimos de alguna manera: “¿Me puede ascender?”. Hay un pez diabólico en el mar que saluda a todo lo que se cruza por su camino. Y el hombre coge a alguien de la mano - ¿por qué? Esos dedos diabólicos de la mano del hombre dicen mucho: por ejemplo, el meñique dice: “¿Me puedes dar dinero? Tengo que empezar un negocio, tengo perdidas de él, me han robado. ¿Me puedes ayudar?”; el anular: “¡Yo deseo una fama artística y conocimientos!”; el corazón: “¡Yo quiero derechos y privilegios!”; el índice: “¡Yo necesito respeto y admiración!”; el pulgar: “¡Yo quiero fuerza y competencia!”. Al que ha saludado, si puede y quiere, se lo dará. Y van dos, luego tres, en la sociedad y forman una camarilla, pero no encuentran lo que buscan.

         Y por fin vino Jesús y dijo: “Lo que vosotros buscáis – riqueza, Fuerza, Conocimientos, Bondad, Yo os lo puedo dar. No hay nadie de vosotros, que no haya dejado a su padre y a su madre para Mí, y que no haya aceptado cien veces la futura vida”*. He aquí el Hombre, Quien nos puede dar la mano, Quien nos puede dar riqueza, y Fuerza, y Conocimientos, y Bondad. Pero la gente dijo: “¡Fuera, crucifícale!”*, a lo cual Pilato les advierte: “Le perdéis”*. Jesús y hoy está delante de vosotros y yo os digo: “He aquí el Hombre, a Quien buscáis, el Hombre, que Él solo puede traer la paz en vuestros corazones, daros intelecto, daros salud, un estado social, ascenderos, enseñaros el camino, para que se aclare vuestra mente”. Pero vosotros en vuestra incertidumbre decís: “¡Enseñádnosle para que Le veamos!”.

         Os voy a dar una comparación. Por la noche se acerca un hombre con una vela pequeña y yo os digo: “He aquí el hombre que os trae luz”, pero vosotros veis la vela, no veis al hombre. ¿Cuándo le veréis a él? Cuando salga el Sol. Buscad solos esta Luz que lleva el Hombre – ella os ayudará a encontrar el Camino por el cual tenéis que ir. Así debéis entender la cuestión.

         Vamos a ver una, más clara comparación. Imaginaos que os adentro en un rico pero oscuro salón, y os digo: “Esa es una habitación con increíbles ornamentos, con enormes riquezas: allí en aquella esquina hay eso, en el otro – aquello, etc.”. “Puede, pero quien sabe, no veo nada” – protestáis. Si llevo una pequeña vela, entonces los objetos cercanos empiezan a tomar forma; si llevo una más, se hacen incluso más claros; cuando aumentan las velas, la habitación poco a poco empieza a iluminarse más y más; cuando encendéis la lámpara eléctrica los objetos se hacen claros, y cuando llegue la luz del día, se ve todo. El mundo es como esta habitación y cada uno de nosotros tiene que llevar una luz – tiene que llevar una vela. Y cuando entramos todos con nuestras velas y las ponemos juntas, aumentando la luz, vamos a ver mucho. Vuestros cerebros son velas. Yo no quiero a gente que lleven velas apagadas, sino que lleven velas encendidas, como en Viernes Santo. Cada uno de nosotros solo tiene que ser una vela encendida. Leal, amoroso, buen hombre es una vela encendida y un gran error es que un hombre sea una vela apagada.

         Preguntáis: “¿Qué debemos hacer?”. Debéis rezar uno por el otro, mandar buenos pensamientos hacia vuestros amigos, rezar por ellos, querer que sean benditos y Dios, cuando les bendiga a ellos, os bendiga a vosotros también. ¿Por qué debemos rezar? Durante el verano de 1899 en Novi Pazar hubo una gran sequía. Los turcos de treinta y nueve pueblos de los alrededores se reúnen y rezan por lluvia – y empieza a llover. Los búlgaros piensan: “Dios les manda lluvia a ellos, nos mandará a nosotros también”, pero no llueve en sus pueblos y su ganado se vuelve demacrado por el hambre. Cuando la gente reza, reza tú también – tú también tienes que dejar una solicitud; Dios no tendrá una columna grande para ti si no rezas. La oración es una gran fuerza y la gente contemporánea tiene que ser gente de oración – con ella prepararemos nuestra mente y nuestro corazón. Y no debemos rezar por nosotros, eso es egoísmo.

         No quiero ocuparme de la mente de la gente, mi deseo es ocuparme de sus corazones, porque todo lo malo se esconde en los corazones. Y solo Dios dice: “Hijo Mío, da tu corazón”*. Tenemos que empezar ahora una purificación, como para Pascuas – que abramos las ventanas y limpiemos los suelos. Todos gemimos bajo el mismo peso, en todas partes hay la misma desarmonía: hombre y mujer no pueden llegar a un acuerdo – separan la casa, separan el dinero, la mujer no está contenta que el hombre tenga el dinero. Si el hombre lo tiene o la mujer, es irrelevante – acordad quien será el cajero. Discuten los que quieren tener el primer lugar en casa – si el gallo o la gallina, cantará. ¿Qué de gallos y gallinas? Eso no tiene ninguna importancia en la vida; dije: otra cosa es importante.

         Jesús ha venido para trabajar. Y cuando la Luz viene, viene poco a poco, silenciosamente, sin hacer ruido. Él no vendrá como un trueno como algunos Lo esperan. Y eso puede ocurrir, pero allí no está Jesús. Cuando el Profeta Elías se fue al desierto y tuvo que ayunar y orar, y cuando llegaron tormentas y fuego, y Elías tapó sus ojos, Dios no estuvo en la tormenta y en el fuego, sino en la voz bajita, que estuvo hablando. Dios no está en vuestros sufrimientos, en vuestra fuerza o vuestros conocimientos. ¿Dónde está? En el Amor. Si amáis, Él está en vosotros; si no amáis, no. Y vosotros debéis amar – esa es la Ley. Nosotros no amamos y esperamos a que la gente nos ame – eso significa estar delante de la chimenea y esperar que otro nos traiga leña para calentarnos. Nosotros solos tenemos que tener esta leña que utilizaran los demás también.

         Nosotros, los que seguimos a Cristo, Quien nos ha dado suficientes fuerzas, tenemos por fin que dejarle entrar en nosotros. Ahora yo os dejo a este Hombre. ¿Le vais a aceptar o crucificar? ¿Le vais a dejar pasar o vais a decir “No Le queremos”? – esta es la cuestión que tenéis que resolver. Si decís: “Dejadle pasar, Él es nuestro Dios”, habéis resuelto la cuestión y vendrá la bendición. Y entonces las palabras de la Sagrada Escritura se cumplirán: “Mi Padre y Yo vendremos y haremos nuestra vivienda en vosotros”*. Entonces la Luz estará en nosotros y todos nos conciliaremos.

29 de Marzo de 1914, Sofía

*Traducción literal de citas de la Biblia Ortodoxa publicada en 1885 en Viena (nota del traductor)

Traducción: Milena Boyanova

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Para cualquier consulta o duda puede contactar con la traductora en: milenaboyanovas@gmail.com

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